Transformar los patios en lugares de inclusión

Transformar los patios en lugares de inclusión

A raíz de la noticia ofrecida por un medio local de los arreglos realizados en el Colegio Público Andrés Manjón de Orihuela la pasada semana, considero oportuno realizar algunas reflexiones,  en relación con otra crónica reciente sobre el proyecto coeducativo que está llevando a cabo el Gobierno Vasco.

Para todas las personas observadoras, curiosas y que hayan tenido la posibilidad de presenciar la vida de un patio de recreo de cualquier centro educativo, ya sea público o privado, de nuestro entorno, la distribución suele ser similar: grandes pistas de fútbol situadas en los espacios centrales. Este hecho que, a priori, puede resultar de lo más normal, porque es lo frecuente, genera desigualdades en el uso y las relaciones que se producen en los patios en las horas de recreo. 

Si nos preguntamos a cerca del género de quienes mayoritariamente juegan al fútbol, fácilmente podemos responder que son los chicos. Entonces debemos poner atención a dónde juegan las chicas y qué espacios ocupan y  qué actividades realizan en esa fracción de tiempo no reglada que es el recreo. Lo habitual es que las pistas centrales estén ocupadas por los chicos que juegan al fútbol mientras que las chicas, y el alumnado que pertenece a cursos inferiores, ocupan los espacios aledaños, escaleras, porches y zonas más alejadas quedando así menos visibles. Algunas de ellas se aburren, pero otras bailan, pasean o hablan con sus compañeras y compañeros a los que no les interesa practicar fútbol o no les permiten jugar porque no se les considera “aptos” o “aptas” para la competición.

Hay quienes estarán pensando mientras me leen que lo que pretendo es hacer un alegato contra el fútbol en los recreos, nada más lejos. Lo que trato de transmitir es que no es en absoluto casual que ese deporte tenga tanto valor y tanta importancia como para que ocupe la mayor parte de los patios de nuestros centros educativos. Asimismo señalar que desde todos los actores que conforman la comunidad escolar se debe tomar consciencia de este hecho, porque tal y como está configurado reproduce escenarios de exclusión y desigualdad en escuelas que dicen ser democráticas, inclusivas, etc.

El hecho de que las escuelas sean mixtas desde hace varias décadas en España no quiere decir que tengan en cuenta la coeducación. De hecho con ejemplos como el del uso de los patios resulta evidente que seguimos reproduciendo un modelo desigual, basado en la jerarquía androcéntrica y patriarcal. Es de suma importancia que desde las instituciones educativas y políticas se lleven a cabo medidas y planes, elaborados por personal competente en la materia, para revertir la situación.

La propuesta es pues, que no basta con repintar o arreglar, si no que éstas reformas han de ser realizadas en profundidad y con conocimiento de cómo se dan las relaciones de poder en conexión con el espacio. La coeducación va más allá de que niñas y niños compartan las mismas aulas. Se trata de poner en valor a las niñas, a los y las menores de infantil y a todo el alumnado que tenga algún tipo de diversidad funcional, para que las escuelas estén pensadas también para ellas y ellos. Recuerdo que La Ordenanza de Igualdad entre Mujeres y Hombres que fue aprobada el pasado año en nuestro municipio recoge la necesidad de la colaboración entre instituciones y actores políticos que garanticen la coeducación en nuestras escuelas y centros de formación. 

Para concluir quiero traer aquí mi experiencia de intervención en patios en la que estoy siendo co-partícipe, he podido constatar, cómo cuando el espacio ha sido transformado de manera que la pista central ya no era una pista de fútbol y se han introducido otros elementos con los que han podido interactuar, las niñas y niños, de distintas edades incluso, compartían juegos y nadie quedaba en el rincón. 

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