Dejemos de jugar con el agua

Dejemos de jugar con el agua

Volvía el viernes de viaje y, atravesando Castilla- La Mancha, decidí escuchar una emisora de radio de esta bella tierra. En la tertulia se hablaba del trasvase de 20 hectómetros cúbicos que había aprobado el Gobierno Central un día antes. Las intervenciones daban miedo. Daba igual que hablara un político, un regante o un periodista. Todos estaban en contra del Trasvase Tajo- Segura y, por supuesto, del último desembalse aprobado por el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Lo peor eran los argumentos esgrimidos por los contertulios: que si solo queríamos el agua para especulaciones urbanísticas o para regar nuestros campos de golf. Qué triste me pareció escuchar aquello que denotaba el gran desconocimiento que tenían de nuestra provincia y de las vecinas Murcia y Almería.  

Nuestra zona, por desgracia, por si no lo saben nuestros paisanos castellano- manchegos, es una de las más deficitarias del País en materia hídrica. Eso nos supone que hayamos tenido que aprender a utilizar y reutilizar los pocos recursos con los que contamos. Un bien líquido que no nos sale barato. Cada vez que el Gobierno aprueba un trasvase, hay que abonar esa agua a 11 céntimos el metro cúbico. Por poner un ejemplo, los últimos 60 hectómetros cúbicos trasvasados han costado a los regantes y a la Mancomunidad de Canales del Taibilla (para consumo humano) unos 3,6 millones de euros, de los cuales la mitad lo han recibido los municipios ribereños de los pantanos de Entrepeñas y Buendía. Es decir, 1,8 millones de euros han ido a parar a Castilla- La Mancha, por lo que tampoco creo que les salga tan mal el negocio que ellos mismos quieren dilapidar. Otra cosa es dónde destinen ese dinero que, mes tras mes, cuando hay trasvases y cuando no porque cobran por adelantado, van recaudando de los vecinos que tanto detestan del Levante.

No es de recibo escuchar lo que escuché en esa tertulia como tampoco lo es lo que propone la nueva Ministra de Transición Ecológica. Teresa Ribera quiere que todas las cuencas sean autosuficientes, es decir, en otras palabras, se enmascare como se enmascare, que el trasvase Tajo- Segura tiene los días contados. No sólo lo piensa el PP, sino también el PSOE. Tal es así, que los socialistas de la Vega Baja ya han pedido una reunión con la Ministra y el Presidente de la Generalitat, Ximo Puig, ha empezado a realizar una defensa a ultranza del trasvase como nunca había hecho antes. Se temerán lo peor. Nosotros también. Y lo peor es que el Presidente de Castilla-La Mancha, el también socialista Emiliano García -Page, parece que tiene más peso en el Gobierno de Pedro Sánchez que el Molt Honorable y puede acabar convenciéndole de que realice un cambio radical en las políticas hídricas de España que lleve aparejado el cierre de esta infraestructura que ha sido y es vital para nuestra tierra, Murcia y Almería. 

El trasvase aprobado el jueves es de derecho. El Memorándum del Tajo- Segura establece que cuando los embalses de cabecera de Entrepeñas y Buendía estén en nivel 3, o lo que es lo mismo por encima de los 400 hectómetros cúbicos, ahora albergan más de 600, el Gobierno Central tiene la potestad de autorizar este desembalse y otros tantos de la misma cantidad de forma mensual, como lo ha venido haciendo el Gobierno de Mariano Rajoy durante los últimos años, al tratarse de una situación hidrológica excepcional, como es la que padecemos en esta zona con una extrema sequía que ya se alarga en el tiempo. Por ello, porque el Memorándum es Ley y fue aprobado por cinco Comunidades Autónomas, incluida Castilla- La Mancha, no es entendible la polémica generada de nuevo y la postura del Gobierno de esta Región. Un trasvase, todo hay que decir, que ha venido gracias a la presión ejercida por Murcia y con las reticencias de la propia Ministra Teresa Ribera

Para evitar polémicas y cruce de acusaciones entre unas comunidades y otras, entre unos partidos y otros e incluso entre los mismos partidos de diferentes comunidades, lo que urge es un Pacto Nacional del Agua. Este elemento no es propiedad de nadie y, a la vez, pertenece a todos. ¿Dónde ha quedado el principio de solidaridad que se recoge en nuestra Constitución?. Dejemos de jugar con el agua y pongámonos, de una vez por todas, a trabajar por el bien común de todos los españoles sin mirar colores ni banderas. Sólo así seremos capaces de sentarnos y llegar a un gran acuerdo sobre el agua como se hizo en la Transición para poder redactar nuestra Carta Magna que nos ha dotado de unos derechos y libertades pero, también, de unos deberes. Uno de esos deberes del Gobierno Central, como he comentado, es esa búsqueda del bien común de todos los españoles. Ahora bien, ¿este Gobierno está a la altura de poder liderar esta difícil empresa?. Viendo, por un lado, los argumentos de la Ministra de Transición Ecológica y, por otro, el escaso consenso obtenido hasta la fecha por Pedro Sánchez en el Parlamento, parece improbable.

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