COMUNICADO ASOCIACIÓN MUJERES PARA LA LIBERTAD Y LA VIDA
GLACIAR ACOGIDA A LA II SENDA DEL POETA 2010 EN ORIHUELA Y ALBATERA
Hablábamos con Miguel, que primero fue un senderista cotidiano y después un amigo, y le preguntamos el por qué de su asistencia cada año a la Senda del Poeta, a pesar del largo viaje que desde Galicia supone para él. La respuesta que nos daba nos acariciaba al alma: “LE DEBO TANTO A MIGUEL QUE ENCUENTRO EN ÉSTO UNA MANERA DE PAGARLE”.
En ése momento nos encontrábamos en la Universidad Miguel Hernández de Elche, había transcurrido ya el primer tramo de la Senda, y sólo faltaron esas palabras para hacer que nuestra estancia allí fuera un poco más especial. Y decimos un poco más porque ése lugar y las personas que lo dirigen ya hacen que la Senda del Poeta y los senderistas que llegamos allí sean especiales. Primero porque los senderistas, que son el corazón de la senda, son acogidos como si llegaran “a casa”, en un lugar de puertas abiertas en el que se respira cultura y bienestar, y en el que en su cafetería se multiplican los esfuerzos para alimentar el cuerpo de cientos, y a veces miles, de personas. Y después porque su Aula Magna te acoge en su cálido interior, y allí la poesía de Miguel acompañada de obras maestras de la música te alimentan y reconfortan el espíritu, al tiempo que puedes leer con claridad en un lugar destacado: Miguel Hernández Gilabert, Doctor Honoris Causa, 1998.
Había que caminar 28 kilómetros más para llegar a Albatera, y hubiera dado lo mismo llegar a ninguna parte porque Miguel Hernández ya no estaba allí. A los senderistas nos esperaba para descansar un inhóspito pabellón, con una luz blanca y estridente, con un suelo duro y frío, ni una silla, ni una mesa para colocar sobre ella la cena, tirados por el suelo, con corrientes de aire que helaban los huesos y los pulmones, y un silencio de cultura atronador. Nadie habló de Miguel allí y nadie recibió nada de Miguel. Nos parecía haber llegado a un campo de concentración.
Y después de 20 kilómetros más, en Orihuela ya, el silencio cultural cotinúa. Ahora ése mismo silencio nos parece brutal. Vemos a las autoridades que se apresuran raudas a sujetar la pancarta que anuncia la llegada del evento, pero su único interés es el de “salir en la foto” que aparecerá mañana en la prensa. Y se van. Nadie dijo nada. Nadie nos esperaba allí. Un frío glaciar comienza a circular por nuestras venas hasta que nos hiela el corazón, y una rabia contenida nos ahoga y nos nubla la vista. Estábamos en Orihuela, en la cuna de Miguel Hernández, en su pueblo y en el nuestro, y no hemos sabido estar a la altura, una vez más. Tampoco en Año Hernandiano.
Hemos aprendido que, además de nuestro amigo y senderista Miguel, TODAS Y TODOS estamos más en deuda con Miguel Hernández que nunca, porque le debemos la cultura que nos ha dejado para aprovecharnos de ella. A los escritores hay que pagarles para que puedan comprar tiempo con el que seguir escribiendo, hemos oído decir al último Premio Nobel. Y a Miguel Hernández no le pagamos, sino que le robamos el tiempo que él nos habría regalado dejándonos más y más cultura. Nunca, jamás acabaríamos de pagarle a Miguel porque su obra y su legado tienen vida propia. Crece día a día y en todas las Universdades del Mundo se estudia. ¿Cómo se puede pagar éso? ¿Cuánto vale? Además, también hemos comprobado que el tiempo realmente pone cada cosa en el lugar que le corresponde, por eso la ciudad de Elche conserva su legado, porque allí es querido y respetado, y por eso la Senda del Poeta, que nació para recordarle en su entorno vital, tiene su principio y su final cultural también en Elche, la ciudad que entregó a Miguel el único premio literario que recogió con sus propias manos, y la ciudad que se quita siempre el sombrero ante su persona y ante su obra.
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